Guía completa

El verano saca las fugas a la luz

Un circuito de refrigeración con una fuga lenta puede pasar meses sin dar guerra. Llega julio, el coche se queda parado en un atasco a la entrada de Castellón con el aire acondicionado al máximo y 35 grados fuera, y la aguja de temperatura empieza a subir. Es el momento en que el circuito trabaja al límite y la falta de líquido se convierte en un problema.

Si la aguja sube, lo prudente es parar en cuanto se pueda y apagar el motor. Un motor recalentado puede deformar la culata y convertir una avería menor en una muy cara.

Cómo encontramos la fuga

En frío, con presión. Conectamos un equipo al vaso de expansión que presuriza el circuito como si estuviera caliente. Con la presión, las fugas lentas empiezan a gotear y se ven.

En caliente. Algunas uniones de plástico y abrazaderas solo pierden cuando el motor se dilata. Si en frío no aparece nada, repetimos con el motor a temperatura.

Si no hay rastro exterior. Comprobamos si hay gases de combustión en el refrigerante. Si los hay, sospechamos de la junta de culata; si no, miramos el enfriador de aceite o el de EGR, que también pueden consumir líquido sin dejar charco.

Las piezas que más fallan

  • Manguitos endurecidos por el calor, sobre todo los cercanos al motor.
  • El radiador, que con los años se agrieta en los depósitos de plástico.
  • La bomba de agua, que avisa con un hilo de líquido por su orificio de control.
  • La carcasa del termostato, a menudo de plástico.
  • El tapón del vaso de expansión, que si no mantiene la presión hace que el líquido hierva antes.

Reparar bien

Sustituimos la pieza dañada, llenamos con el refrigerante que pide el fabricante (no se deben mezclar tipos distintos) y purgamos el circuito para que no queden bolsas de aire, que dan lecturas falsas y puntos calientes. Comprobamos que el electroventilador entra a su temperatura. Si el líquido está muy viejo, lo renovamos; lo explicamos en refrigerante del motor. Te damos presupuesto sin compromiso antes de reparar.