Guía completa

“Pierde aceite” no dice casi nada

Es de las frases que más oímos por teléfono, y también de las menos útiles para nosotros. Bajo esa misma descripción caben averías de 100 € y averías de 700 €, porque “pierde aceite” puede venir de la junta del cárter, de la tapa de balancines, de cualquiera de los dos retenes del cigüeñal, del retén del árbol de levas, del separador de aceite del sistema de ventilación del cárter o de un intercambiador que mezcla aceite con refrigerante. Cada origen tiene su propia reparación y su propio precio, así que lo primero es localizar, no presupuestar a ciegas.

Dos formas de localizar la fuga

Para fugas visibles, basta con desengrasar el motor y dar una vuelta corta: el aceite fresco marca su camino con bastante claridad nada más aparecer.

Para fugas pequeñas —esas que se evaporan con el calor antes de llegar al suelo y nunca dejan mancha bajo el coche— usamos un método distinto: tinte fluorescente. Se añade al aceite, circula con normalidad unos cientos de kilómetros y después, con una lámpara ultravioleta en un motor limpio, el punto exacto de salida brilla en verde. Es la única forma fiable de coger una fuga que de otro modo se persigue durante meses sin encontrarla.

De lo más barato a lo más caro

La tapa de balancines es la reparación más asequible del grupo: acceso fácil, junta económica, poca mano de obra — entre 100 y 200 €.

La junta de cárter sube un poco por el trabajo de desmontar el cárter inferior, limpiar bien la superficie de asiento y montar con el par correcto: 150-280 €.

El retén trasero del cigüeñal es, con diferencia, el más costoso: en buena parte de los motores no se llega sin sacar la caja de cambios. Ese desmontaje, no la pieza, es lo que sube el precio hasta los 350-700 €.

Cuándo no conviene esperar

Una fuga lenta que vigilas y rellenas de vez en cuando puede esperar a una cita cómoda. Hay dos casos donde no: si el aceite gotea sobre el escape o el turbo (riesgo de que se queme y humee, en el peor caso más que eso), y si llega hasta el embrague, porque contamina el disco y acorta su vida útil de forma bastante rápida. En cualquiera de esos dos escenarios, llama antes de seguir circulando con normalidad.