Guía completa
“Aquí no hiela, ¿para qué el anticongelante?”
Es una pregunta frecuente en la costa. El refrigerante lleva glicol, que efectivamente impide que el agua se congele, pero hace mucho más: sube el punto de ebullición del circuito y contiene aditivos que protegen el aluminio, las juntas y la bomba de agua contra la corrosión. En una ciudad con veranos largos y calurosos, la primera función casi no importa; las otras dos, mucho.
Por qué hay que cambiarlo
Los aditivos anticorrosión se agotan con el tiempo. El nivel del vaso puede estar perfecto y el líquido, sin embargo, haber perdido su capacidad de proteger. Con los años aparecen óxido en el circuito, depósitos que obstruyen el radiador y una bomba de agua que se desgasta antes. Cada fabricante indica un plazo según el tipo de líquido que usa.
Cómo lo hacemos
Revisamos el líquido actual. Su color, si hay partículas o restos de aceite, y su punto de protección. Si está contaminado, buscamos la causa antes de cambiarlo.
Vaciamos el circuito. No basta con abrir el radiador: en muchos motores queda una parte importante en el bloque. Cuando el líquido está muy sucio, hacemos un lavado del circuito.
Llenamos con el refrigerante correcto. El tipo exacto que pide el fabricante, en la concentración indicada. El color no sirve de guía: hay líquidos de distinta composición con el mismo tono.
Purgamos. Muchos motores modernos tienen puntos altos donde se queda aire. Seguimos el procedimiento de purgado del fabricante; en algunos coches se activa con el equipo de diagnosis. Una bolsa de aire junto al sensor de temperatura da lecturas falsas y puede provocar un calentón.
Aprovechando el cambio
Revisamos manguitos, abrazaderas y el tapón del vaso, que debe mantener la presión del circuito. Comprobamos que el electroventilador entra cuando corresponde, algo crítico en los atascos de verano. Si el nivel bajaba antes del cambio, buscamos la fuga; lo explicamos en pérdida de refrigerante. Te damos presupuesto sin compromiso.