Guía completa
El caso que más veces se repite: después de pintar el paragolpes
Si hay un patrón que vemos con frecuencia en el taller, es este: un cliente sufre un golpe leve, repara la chapa y pintura en otro taller, y al recoger el coche los sensores de aparcamiento ya no funcionan. No es casualidad. Durante el desmontaje del paragolpes los sensores pueden quedar mal orientados —necesitan un ángulo concreto hacia atrás para funcionar—, o directamente recibir una capa de pintura sobre el cono ultrasónico, que interfiere con la señal y deja al sensor ciego.
La solución depende de la causa exacta: un simple ajuste de posición no cuesta nada, limpiar el cono ronda los 30-50 €, y sustituir el sensor dañado va de 80 a 180 €. Diagnosticamos siempre antes de dar una cifra.
Tipos de fallo y qué indican
Un pitido constante al dar marcha atrás suele ser un sensor que detecta un obstáculo permanente que no existe — avería interna o conector con humedad. Un pitido al circular hacia delante apunta a un sensor delantero, presente en coches que mantienen esa asistencia activa a baja velocidad. Cuando el sistema no detecta nada aunque haya obstáculos claros, la asistencia pierde su función por completo, y puede ser tanto el módulo como varios sensores fallando a la vez. Y un pitido irregular, que aparece y desaparece sin patrón, casi siempre delata un conector con humedad más que un sensor roto de verdad.
Comprobación antes de gastar en pieza nueva
Antes de sustituir cualquier sensor, medimos con multímetro la resistencia (debería estar entre 1 y 2 kΩ según el modelo) y comprobamos la continuidad del cableado hasta el módulo, además del estado del conector. En bastantes ocasiones el sensor está perfectamente y el problema es solo un conector oxidado o húmedo — una limpieza con producto anti-humedad y grasa dieléctrica puede resolverlo por 30-50 €, muy lejos de los 150 € de un sensor nuevo.
Marcas y por qué evitamos los genéricos
Trabajamos con Valeo (proveedor original a nivel mundial), Bosch (original en la mayoría de vehículos europeos) y el propio original de fábrica en coches de gama alta. Los sensores genéricos de baja calidad tienen una frecuencia ultrasónica menos precisa, y el módulo de control no siempre la reconoce bien — el resultado son errores intermitentes que vuelven a aparecer en poco tiempo, obligando a repetir la visita.
Cámara trasera
El principio es distinto —vídeo en vez de ultrasonido—, pero los fallos más comunes también: humedad interna por una junta deteriorada, cable roto en la zona de apertura del maletero, o un módulo de imagen que ya no funciona dentro del sistema multimedia. Sustituir la cámara completa cuesta entre 200 y 500 € según el modelo del coche.