Guía completa

El fuelle decide

Lo que más condiciona esta reparación no es la junta, sino el fuelle de goma que la protege. Mientras el fuelle está entero, la junta trabaja bañada en grasa y dura muchísimo. Cuando la goma se agrieta, la grasa sale despedida por la fuerza centrífuga y deja manchas en la cara interior de la llanta o en el brazo de suspensión. Por esa misma grieta entra agua, polvo y arena.

En ese momento la reparación todavía es pequeña: desmontar, limpiar la junta, engrasar con grasa específica y montar un fuelle nuevo. Si pasan semanas, los elementos internos de la junta se marcan y aparece el ruido. Ahí ya no basta con el fuelle.

Por qué miramos los fuelles en cada visita

Un fuelle roto no avisa con ruido ni con testigos. Solo se ve con el coche levantado o mirando bien detrás de la rueda. Por eso, en cada revisión y en cada cambio de aceite, echamos un vistazo a los cuatro. En la Plana, donde mucha gente pisa caminos de huerta o accesos a naves con tierra, el polvo y el barro aceleran el daño si el fuelle está abierto.

El ruido característico

La junta exterior es la que permite girar las ruedas mientras transmiten fuerza. Cuando tiene holgura, al girar a tope y acelerar (saliendo de un aparcamiento o en una rotonda cerrada) se oye un clac-clac rítmico. La junta interior, en cambio, suele dar vibraciones al acelerar en recta.

Las opciones

  1. Fuelle nuevo con limpieza y grasa nueva, si la junta no tiene holgura.
  2. Junta nueva con su fuelle, si ya hace ruido.
  3. Palier completo, cuando las dos juntas están tocadas o el eje está dañado; a menudo es la opción más razonable.

Te enseñamos el estado de la pieza antes de decidir y te damos presupuesto sin compromiso. Tras el montaje comprobamos la alineación si se ha tocado la suspensión, y revisamos los rodamientos de esa rueda, que comparten zona.